Tortilla francesa y chorizo de olla. Todo encerrado en pan al que previamente se le ha espachurrado un tomate. Ese bocata y mil pesetas era lo único que necesitábamos mi hermano y yo para cruzar las tierras de La Moraña abulense, camino al pueblo en aquellos larguísimos veranos escolares. El manjar sólo variaba ligeramente en función de la dirección del tren que nos llevaba, pues de ello dependía si lo elaboraba una madre o una abuela.
“Si su mandato terminara aquí, usted pasaría a la historia como el hombre que en un año puso el país patas arriba, detuvo los avances, creó más problemas que soluciones”. Es el inicio del discurso de Mariano Rajoy, dirigido a Zapatero, en el Debate del Estado de la Nación de 2005. De aquella sesión extraordinaria –que cada vez son más extraordinarias porque el PP las celebra cuando le viene en gana y no cada año- hay muchas afirmaciones que golpearían al actual presidente como un boomerang. Pero el mayor impacto sería el de la frase más sediciosa que jamás haya dicho un líder de la oposición: “Usted ha traicionado a los muertos de ETA”.
Vestirse del Primark y posar en la cola del paro, prometiendo a los españoles arreglar su mayor problema, es sólo demagogia. Llegar al poder a base de mentiras y una vez ahí seguir engañando cada semana a los ciudadanos es cinismo. Pero seguir gobernando con unas medidas que nadie votó y que encima han hundido en la miseria al país, eso sólo puede ser incompetencia.
Por si presentarse en Roma con una camiseta de ‘La Roja’ para el Papa no fuese lo bastante ridículo -parece que Rajoy no encuentra otra forma de parecer más humano que a través del fútbol- el presidente del Gobierno consiguió humillar más a España presumiendo ante Francisco I de que ya se había cargado Educación para la Ciudadanía mientras que su reforma educativa potencia la asignatura de Religión.
No se podrá escrachear a menos de 300 metros de las casas de “autoridades y personalidades políticas”. La orden fue enviada la noche del martes a todas las comisarias y anunciada la mañana siguiente por el número dos del Ministerio del Interior, aunque el ministro se apresuró a negarlo a medias, con ese ya habitual juego de poner mentira sobre mentira con el fin de embarrar cualquier información que ayude a los ciudadanos a descubrir que se están pisoteando una vez más sus derechos.
“Sabemos que la situación económica de España no es buena”, asegura ufano, ante los micrófonos de TVE, Elmer Symanowski. Es uno de los responsables de la oficina de empleo alemana que se ha trasladado a España a la búsqueda de jóvenes precarios que quieran convertirse en los nuevos alfredolanda del Siglo XXI.
Objetivo cumplido. El tema de discusión ya no es qué hacemos con los 500.000 desahucios de la crisis o con una ley cuasimedieval, que Europa considera ilegal, y que permite echar a la gente de sus casas como si fueran perros. Ahora el debate se centra en cuánto exactamente es ETA la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y a ver quién reconoce primero a Ada Colau encapuchada en los comunicados de la banda terrorista.
España es el país europeo con peor nivel de inglés. Sólo Turquía y Rusia tiene peor conocimiento de la lengua de Shakespeare que nosotros. Así al menos lo afirma un estudio de 2011 y no creo que haya mejorado mucho la situación. Sobre todo porque uno de los factores clave para mejorar esta tara es una mayor inversión en la calidad de los profesores, los materiales y los métodos didácticos; y en este año y pico no hemos hecho otra cosa que maltratar al personal docente.
Pero también asegura el estudio, de Education First, que “uno de los indicadores de una cultura nacional con un alto nivel de inglés es tener un jefe de estado capaz de comunicarse en público en este idioma”. Y eso puede extenderse al resto de nuestros políticos, sobre todo cuando les toca defender su manido sueño olímpico ante los examinadores.
Tampoco vale dedicarle un par de horas semanales en los trayectos en avión como hace Mariano Rajoy. Sobre todo si el avión va hasta los topes de jamón ibérico y de lingotazos. Y es que beber whisky de Malta no te instruye en el idioma de esa isla mediterránea.
Menos mal que David Cameron veranea en Andalucía, y que ya estará acostumbrado a nuestros esperpentos. Porque, ¿qué pensarán en Reino Unido del nivel de inglés de Emilio Botín, cherman de uno de los principales bancos del país?
Lo cierto es que nuestra mala relación con el inglés viene de lejos. Incluso Francisco Franco, que antes de convertirse en un dictador dedicaba sus ratos de exilio canario a estudiar con fruición esta lengua, tuvo sus encontronazos lingüísticos. Porque por muy Caudillo que seas, hasta a Dios le hace gracia esa manera de pronunciar cantri, rilisin, femili.
Aunque no todo es pesimismo. Esperanza Aguirre, gracias a su procedencia familiar, pudo estudiar en el Instituto Británico de niña, y se maneja con una increíble soltura en inglés. Hasta en el acento es clavada a su amada Margaret Thatcher. Quizás porque es capaz de hablar inglés nunca consiguió su sueño de gobernar el país.
La votación de este sábado en el Senado italiano ha dejado a la vista el poder del Movimento 5 Stelle (M5S) de Beppe Grillo, pero también sus vergüenzas. La rebelión de varios senadores grillini contra la orden de su líder de abstenerse en la elección del presidente permitió el triunfo del candidato del centro izquierda y robó a Silvio Berlusconi uno de las pocas victorias a las que podía aspirar tras las elecciones. Lejos de aprovechar el triunfo, Grillo ha montado en cólera contra los traidores de su formación y ha amenazado con expulsarlos del partido.
Los dos candidatos que aspiraban a la Presidencia de la Cámara alta eran Renato Schifani, de la formación de Berlusconi, y Piero Grasso, del Partido Democrático. El primero, investigado por presuntos vínculos con la mafia, fue el autor del Laudo Schifani, una de las muchas tretas de Il Cavaliere para evitar los tribunales usando su poder como primer ministro. Por el contrario, el candidato del centroizquierda es un exfiscal antimafia, valiente y honrado, en quien muchos ven al heredero del juez Giovanni, asesinado por la mafia en 1992.
Se supone que el fin último de la economía es el reparto equitativo de los recursos, y no el amasamiento injusto de la riqueza. Sin embargo, España es el país más desigual de Europa junto a Portugal, Bulgaria y Letonia. Lo que es más doloroso si se tiene en cuenta que nuestra renta supera de largo la de esos países y que somos la cuarta potencia económica del continente. En términos de desigualdad, estamos peor incluso que la malograda Grecia, y eso puede apreciarse en lo que los ciudadanos comemos.